Dispón los objetos cotidianos a conciencia,
una brizna de laca sobrevolando tu ausencia,
mientras tu corazón se vuelve esmeralda,
que te vas.
mientras tu corazón se vuelve esmeralda,
que te vas.
Déjame un guardapelo aunque vacío,
que nadie extrañe tu cuidado y tu esmero,
una mano en la espalda mientras me atusas,
que te quiero.
que te quiero.
Deja las horquillas en equilibrio,
comparte la última sonrisa que se refleja,
no mires atrás, ni esperes. Ya.
Que te vas.
©® Enrique R. del Portal, 2025