De proseguir el protocolo de la despedida,
sería con la excusa que haga llevadero
el momento de la disculpa.
Deshaciendo el nudo de la cinta que envuelve,
con tanta delicadeza,
las correspondencia olvidada.
Buscando el acento preciso de la palabra justa
que haga irrelevante el resto del diccionario.
Seleccionando las intenciones más allá del tacto
para no herirnos de nuevo
en esta liturgia de carnívoros.
el momento de la disculpa.
Deshaciendo el nudo de la cinta que envuelve,
con tanta delicadeza,
las correspondencia olvidada.
Buscando el acento preciso de la palabra justa
que haga irrelevante el resto del diccionario.
Seleccionando las intenciones más allá del tacto
para no herirnos de nuevo
en esta liturgia de carnívoros.
De elegir una frase que resuma esta partida
sería, seguramente, grave y trascendente,
como el lado más oscuro de mis atardeceres.
Un poco de otoño,
quizá entre paréntesis,
para subrayar la torpeza romántica
qué brota a borbotones y sin sentido
explicando que quise menos de lo queria
y creí querer más de lo que podía.
De corregir algo de este tiempo malherido
sería la insistencia que tuve de dejar en suspenso
tu inquietud y tu deseo.
La claridad que no escuché en las voces
del canto de la tripulación,
que me encadenaba más a los mástiles
que el propio eco embriagador de la quimera.
O los pasos dados en falso,
atreviéndome a penas a pisar el borde mojado
por la espuma del extraño mar
que ahora observo, enajenado,
desde la distancia de este secano.
©® Enrique R. del Portal, 2025.
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