jueves, 20 de agosto de 2026

Al pan bread y al vino wine.

Escribí este texto hace más de diez años, cuando todavía no éramos la tercera capital del mundo de producción de teatro musical, pero lejos de solucionarse la cuestión de nuestro idioma hemos sucumbido a una terrible globalización que ha convertido esta profesión teatral nuestra en un Starbucks y la industria del teatro musical en el ocio de turismo más hortera posible. Qué lejos aquel 1992 en que se molestaron en buscar una palabra que sustituyese a los swings y los llamaron comodines...


He tenido la suerte, o quizá desgracia, no sé cómo definirlo… dejémoslo en circunstancia, de crecer en un ambiente de teatro musical. Ya sabéis, que en casa siempre estaba rodeado de zarzuela, de ópera y de operetas. Que con apenas seis o siete añitos, jugaba entre los cables de los micrófonos en los que mi padre estaba grabando Doña Francisquita, con su adorado, corrijo, nuestro adorado, Alfredo Kraus.
Así que desde muy niño, estuve familiarizado con ese fantástico ambiente de decorados pintados, olor a madera (los teatros ya no huelen así) y estructuras escénicas con esqueleto de remas. Terminé haciendo mi profesión de lo que siempre había visto en casa. Quizá no tuve elección, o muy posiblemente reconocí en este mundo uno de los mejores posibles para invertir una vida en él. Y he ido viendo en primera persona muchos avances del teatro; las estupendas producciones en las que he tenido la suerte de participar del Teatro de la Zarzuela, varios musicales de gran formato… Y es en el musical, en el que ahora me veo inmerso; bueno, en este preciso momento no; recién terminada la gira de La Bella y la Bestia, los proyectos me están llevando por otros derroteros.
Pero no quisiera dispersarme; es del musical de lo que me gustaría hablar. Es innegable, que ha ocupado una parcela importantísima de la vida teatral española. La cartelera se ha llenado de grandes espectáculos, de títulos clásicos de Broadway o West End, y se ha creado un público y una cultura, en la que el espectáculo anglosajón es el sancta-sanctorum.
No me parece para nada mal que hayamos adoptado esta costumbre, aunque sí echo de menos que haya habido una conexión, un puente entre el teatro musical español, que se consumía de manera habitual hasta finales del siglo XX, y esta expresión artística que está dominando los escenarios los últimos veinte años. Así, se está dando el caso, de jóvenes aficionados al teatro musical e incluso intérpretes que conocen más sobre la obra de Alan Menken que sobre la de Francisco Alonso. Y es absolutamente normal, incluso podríamos pensar que lógico.
Las grandes productoras teatrales invierten importantísimas cantidades en producir un espectáculo, con lo que quieren ofrecer al público, los títulos que se barajan en los teatros musicales del mundo. Es obvio que, a día de hoy, sería financieramente peligroso intentar competir con los títulos que hay en la Gran Vía con, por ejemplo, La Corte de Faraón.
Pero me gustaría, y aquí es donde está el meollo de la cuestión, que aunque participemos en estos espectáculos, aunque seamos actores/cantantes de musical, y aunque nuestro sueño sea ver nuestro nombre rodeado de luces de neón en el Minskoff de Nueva York o en el Sondheim Theatre de Londres no perdamos el norte de quienes somos. En cierta ocasión, representando un musical famoso en todo el mundo, la empresa que lo producía había contratado los servicios del equipo creativo original, que se encargaba de montarlo en Madrid con los artistas que íbamos a estrenarlo. Recién empezados los ensayos en el madrileño teatro Lope de Vega, una tarde nos encontramos la tablilla, con los horarios del día siguiente, escrita íntegramente en inglés. Entiendo que había que mantener cierta cortesía con el equipo inglés (que por cierto no guardaba con nosotros) pero aquello me pareció del todo absurdo, y me quejé de lo que yo consideraba una falta de educación, de comunicación, y lo que es peor, de sentido común. Aquello se suplió al momento, afortunadamente. Y conste que soy de los que me gusta hablar con los directores en su idioma, aunque mi inglés no sea todo lo bueno que debería. Pero me parece que podemos presumir de un idioma y una tradición teatral con el suficiente peso específico para no caer en este tipo de cosas.
Durante este tiempo, me he ido encontrando con que ya no nos preparamos tomando clases de canto o interpretación, sino que recibimos coaching o training. El conocimiento de nuestra voz y nuestra garganta no es foniatría u ortofonía, sino voice craft. Los empresarios y directores no convocan audiciones, sino castings, e
scuchamos comentarios de nuestro acting como nice o charming, lo que nos da muy buen feedback y si vuelven a citarte en una segunda ronda, te llaman para el call-back, como su propio nombre indica. 
Una vez que te contratan, ya no formas parte de un reparto, sino de un cast. Si te dan un personaje, eres un principal, y si estás en el coro, perteneces al ensemble. Te citan para distintos ensayos, la italiana es sitz prove y los de posiciones en el escenario son put-ins. Cuando descansamos entre ensayos o entre escenas no nos dejan un cuarto de descanso sino una Green room. Y a punto de estrenar nuestra función, aún tendremos que hacer varios ¿pre-estrenos?, no, pre-views. Lo bueno es que celebramos el éxito y el sold out del estreno, entre risas, en el brunch de la mañana siguiente, aunque el dance captain corregirá alguna posición y nos los imputs pertinentes.
Y así es como estamos, tontos de remate. Me ha tocado discutir con algún compañero, explicándole que para todo eso había un término en español/castellano que lo definía perfectamente. Porque no se utiliza el inglés, en este caso, porque sea necesario el anglicismo, sino por una especie de intoxicación que están sufriendo determinado tipo de profesionales, generalmente desconocedores  de la tradición teatral de la que vienen. Pero claro, a algo hay que agarrarse. Es sencillamente apariencia, porque “mola”.
Confieso que me gusta en rock´n´roll, las hamburguesas, la Coca Cola y los musicales de Broadway, entre otras muchas cosas, pero creo saber quién soy, y me he molestado en curiosear en la historia, lo suficiente como para saber que la Gran Vía, fue un glorioso escaparate teatral mucho antes de que esta generación, que cree haber inventado el teatro, naciera. No hay nada más estúpido que enmascarar la ignorancia con más ignorancia, e intentar ponerte un disfraz que no te vale.
Así que apaguemos las diablas, cerremos el escotillón, subamos el bambalinón hasta el peine, soltemos la larga y fijemos las varas. Alarguemos las patas a la alemana, que llega la luz de la chácena y además aforamos, ¡caramba!
Sentémonos en el palco de alcahueta y disfrutemos de la función.


 
© Enrique R. del Portal, 2013-2026.

jueves, 23 de abril de 2026

Desde el corazón XII.

De nuevo la editorial Diversidad Literaria ha incluido un poema mío en una de sus antologías. 
En este caso el poema TROQUEL en la XII selección de "Versos desde el corazón". 

“ Claro que se me rompió
y a pesar de todo está sanando,
aunque hay tardes que recaigo
y destenso los hilvanes…”



Podéis encontrar el libro aquí: Enlace a tienda.

©® Enrique R. del Portal, 2026

sábado, 21 de marzo de 2026

Acróstica

Bastaba con haber previsto
los distintas consecuencias de mis actos;
observar con más atención tus señales 
que tan claras se ven con el tiempo.
Una ausencia premeditada
en el momento más oportuno,
además de la consideración 
de pensar que tu vida es ya solo tuya
o que siempre lo fue.


©® Enrique R. del Portal, 2025

domingo, 22 de febrero de 2026

El último artesano.

Quería, unos días después del fallecimiento de Antonio Amengual, releer y compartiros este texto que le dediqué hace ya 13 años. Tuvimos la suerte de que poco después pusimos el pie el verdadero HOMENAJE que se merecía, en forma de concierto, espectáculo en el mejor marco que podíamos soñar e intentado rezumar el estilo que caracterizó su forma de dirigir su Compañía Lírica Española. Ahora veo que faltan muchos nombres, os pido disculpas, pero sirvan los que sí están como ejemplo. 
Decía Jesús Castejón, que dirigió el concierto del 13 de mayo de 2017 en el Centro Cultural de la Villa de Madrid y que tantas horas invirtió conmigo y con Salvador Collado  en organizarlo y producirlo, que quedábamos un poco más huérfanos de lo que ya estamos. -Don Rafael, don Enrique, vaya esto con su permiso-


Es mala costumbre en España, homenajear a quien (supuestamente) lo merece, al borde de su vida profesional o personal. Incluso después de su vida, nos sentimos obligados, a ponderar exageradamente los méritos del finado. Solemos acordarnos demasiado tarde de reconocer la valía de nuestros maestros, próceres, héroes… Y no quisiera que se quedara en el olvido, alguien que marcó la vida de muchos profesionales del teatro, durante más de treinta años.

Es de todos conocido mi origen, y mi amor por el género lírico español, la zarzuela; de entre todos los empresarios con los que trabajé, si hay que destacar a alguien por su dedicación, su esfuerzo y entrega a la zarzuela es Antonio Amengual. No es una estrella mediática o conocida por todo el público como lo fue su mentor, Tamayo; quizá cargó, como un referente, con este nombre en toda su vida profesional. Pero no cabe duda de que fue una de las figuras imprescindibles en el mundo lírico español durante la segunda mitad del siglo XX. Y él ha terminado siendo referente a su vez, para toda una generación de cantantes, directores y empresarios.

Antonio Amengual nació en La Línea de la Concepción en 1936. Hijo de la actriz Ana Sillero, desde muy joven, se inicia en distintas labores de administración teatral. En 1957 es ayudante de dirección de José Tamayo, en la Compañía Lope de Vega, hasta 1961 que pasa a la Compañía Amadeo Vives, y se encuentra con el género lírico por el que confiesa haber sentido verdadera pasión. En 1974, emprende su camino en solitario con la Compañía Lírica Española, con la que desarrolla una actividad constante hasta entrado el siglo XXI.

Este escueto apunte biográfico, se puede ampliar hablando de la compañía, en la que tuve la ocasión de trabajar durante quince años. Dicen que fue la típica y digna compañía de repertorio. Ninguno de los dos adjetivos me parece adecuado; ya no es típico encontrar agrupaciones con un repertorio amplio, y en la que su elenco era capaz de representar quince o veinte obras con un par de ensayos de refresco, y digna, me parece que tiene cierto tono condescendiente. Prefiero pensar que era efectiva, eficaz.

Todos los buenos artesanos quieren pensar que son el último de su clase. En el caso de Amengual, se dan ciertos puntos que lo atestiguan. El más importante es quizá el hecho innegable de la decadencia que sufre la lírica en España, a punto de la extinción. Si bien es cierto que como las grandes civilizaciones la Compañía Lírica Española tuvo su época decadente, también gozó de una era dorada. Llevó la Zarzuela a todos los rincones de España dónde se le requería. Actuábamos en teatros, plazas, auditorios, palacios, puentes… Una troupe de cien personas, encabezadas por este hombre y su visión del espectáculo.

Muchos le debemos dedicarnos al teatro. Nos infectó ese virus que es el olor a escenario, y presumía de hacer una verdadera cantera de los integrantes del coro. Por su compañía pasaron primeras figuras de la lírica,  Dolores Cava, Carmen González Judith Borrás, Paloma Mairant, Josefina Meneses, Mari Carmen Plaza Guadalupe Sánchez, María Dolores Travesedo, Milagros Martín, Miguel de Alonso, Ricardo Jiménez, José Manzaneda, Ricardo Muñiz, Tomás Álvarez, Carlos Marín, Luis Cansino,  Jesús Castejón, David Muro, Miguel de Grandy, y un largo y meritorio etcétera, pero también sirvió de escuela para nuevos profesionales, y muchos comenzaron en ella una fructífera carrera. En una representación de “Katiuska”, de Pablo Sorozabal, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, ahora teatro Fernando Fernán Gómez, comentaba emocionado que la primera línea de personajes solistas en el concertante del primer acto; Katiuska, Sergio, Boni, Olga, Tatiana, Brunovich, Pich, éramos todos antiguos integrantes del coro. Y es cierto que Amengual tenía la costumbre de cerrar filas. Le gustaba que su compañía, fuera “su compañía”. Trabajar fuera de ella, no era algo muy de su agrado, y tenía que transigir, de mala gana, con los que intentábamos abrirnos camino, en otras formaciones, incluso en otros géneros. Pero fue comprendiendo que no podía monopolizar nuestro trabajo, y terminó “compartiendo” sus fichajes. Es sintomático que muchas figuras de su compañía, terminaron formando sus propias empresas, siendo a su vez, depositarios de una llama, que se ha ido apagando hasta casi desaparecer. 

No todo eran risas. Don Antonio era duro y estricto en la dirección de su compañía. En él se resumían, el empresario, el director y el administrador de su empresa. Gozaba, y todavía goza, de una excelente memoria, (posiblemente hubiera sido el mejor regidor de España) que le permitía gestionar todos esos departamentos sin grandes problemas. Personalmente le recuerdo en las reuniones en su despacho, para discutir las condiciones económicas de cada año, y siempre reinaba en nuestras discusiones la cordialidad y el sentido común. Pero sobre todo le recuerdo en los ensayos. Amengual era un director con una obsesiva afición a repasar una y otra vez las funciones a representar. Sabía de memoria cada papel, y exigía la misma disciplina a todos los integrantes de la compañía. Es cierto que era un hombre nervioso, que trataba a sus artistas con cierto “aire marcial”. Apasionado por su trabajo hasta lo indecible. Capaz de emocionarse con una romanza de soprano y enfrascarse en una airada discusión con un primer actor en una fracción de segundo. Un poco chapado a la antigua, clásico, como le gusta a él decir. Nos hablaba siempre de su admiración por Brecht, Casona o Placido Domingo. Le costaba un esfuerzo titánico delegar en alguien cualquier trabajo y era proverbial su desconfianza por las nuevas tecnologías, si hasta evitaba utilizar los intercoms… Pero creo que todas sus peculiaridades y su carácter, imprimieron en nosotros una forma de ver nuestro trabajo y un respeto por el escenario, que más tarde nos ha servido como guía en nuestras carreras.

Seguramente Amengual también tuvo su parte de culpa en la decadencia del género. Todos la hemos tenido, como yo mismo reconocía en el post “Me gusta la Zarzuela”. Pero si a día de hoy, sopesamos lo bueno y lo malo que hizo por el género, queda mucho más de lo primero, y prueba de ello es la gratitud y el afecto con el que los antiguos compañeros y profesionales del teatro hablamos de él, o con él cada vez que le reencontramos en algún estreno teatral.  

Me gustaría equivocarme pensando que es el último gran empresario de zarzuela. Que alguien recogerá el testigo, a punto ya de ser olvidado. Pero la realidad se impone, y el gusto del público manda en la cartelera. Una estirpe desaparece con él,  una manera de entender el teatro, la “vieja escuela”, con todo lo que esto significaba, y los grandes, los primigenios dinosaurios, dan paso a nuevas especies, nuevos tiempos,  nuevos horizontes.

Aunque a veces, disfrutando de un paseo, encuentro en un rincón un pequeño taller en el que un artesano trabaja restaurando con prolijo cuidado un mueble de mimbre, o en una verbena me quedo embelesado oyendo un chotis que resuena chulón en un organillo, y pienso: quizá no esté todo perdido.



© Enrique R. del Portal 2013-2026

viernes, 16 de enero de 2026

Que te vas

Dispón los objetos cotidianos  a conciencia,
una brizna de laca sobrevolando tu ausencia,
mientras tu corazón se vuelve esmeralda, 
que te vas.

Déjame un guardapelo aunque vacío,
que nadie extrañe tu cuidado y tu esmero,
una mano en la espalda mientras me atusas,
que te quiero.

Deja las horquillas en equilibrio,
comparte la última sonrisa que se refleja,
no mires atrás, ni esperes. Ya.
Que te vas.


©® Enrique R. del Portal, 2025


viernes, 2 de enero de 2026

Micropoema #42

Nunca fui más feliz
que en aquel instante
justo antes de ser feliz.


©® Enrique R. del Portal, 2018-2025

viernes, 26 de diciembre de 2025

Tragedias poéticas X.

La editorial Diversidad Literaria ha incluido mi poema “ Micropoema #74” en la décima selección de Tragedias Poéticas. 

“ Ya nada me salvaría de ti,
ya ni tú…”

Podéis encontrar el libro aquí: Enlace a tienda.

©® Enrique R. del Portal, 2025

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Micropoema #88

Ya te conozco;
diga lo que diga
y piense lo que piense
el maldito horóscopo.


©® Enrique R. del Portal, 2025

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Micropoema #87

Tu último truco fue tan sutil
como dudar de que habías existido.
Un subterfugio tan letal
que me hizo olvidarme de mi mismo.


©® Enrique R. del Portal, 2025

miércoles, 24 de septiembre de 2025

BCN Ciudad

Hoy llueve y aquí
hay cien rincones tuyos.
Algunos tienen nombre,
otros son sólo desagües
por los que, rápido, 
se me van las culpas
y se aplaca el hambre,
que no es hambre, ansia,
quizá incluso decadencia.
¿Escuchas ese rumor?
es el registro del sonido del mar
que grabé la noche
que perdí la cabeza
en su humedad.
Hoy, ahora y aquí,
en el mismo centro
del lugar donde estuvo
el centro de tu corazón,
tu corazón pintado,
verde,
de tiempo descontado.
En el mismo escaparate
donde expongo el mío,
tan extraño y descolorido
que apenas ya late. 

©® Enrique R. del Portal. 2018-2025.






























domingo, 14 de septiembre de 2025

Astronomía

En el espacio, la ausencia de partículas para la transferencia de calor por conducción y convección, combinada con la capacidad de la radiación para transferir energía, puede llevar a situaciones donde un cuerpo esté incandescente por dentro y helado por fuera.


Por eso 
pudiste ver en el fondo de mis ojos 
una marea de hielo, mientras me devoraba el fuego.
Por eso
ardió el aliento que dejé sobre tu pecho
aunque ya se había congelado el tiempo.
Por eso 
sigo sintiendo frío al verte.
Por eso este escalofrío.
este deseo,
este duelo.

©® Enrique R. del Portal. 2025.

jueves, 28 de agosto de 2025

Cada aliento que tomas

Leo apenado que la gresca sobre los derechos de autor del catálogo de The Police ha tomado un nuevo rumbo al denunciar Steward Copeland y Andy Summers antes los tribunales a su antiguo compañero Gordon Matthew Summers "Sting".

Fui, y sigo siendo, muy fan de The Police en los '80, y seguí bastante la brillante carrera de Sting en solitario. Aunque he de reconocer que levantaron más pasión los primeros, hay canciones y algún disco del segundo que forman parte de mi imaginario particular y no sé puede obviar que forma parte, por derechos propio, de la banda sonora universal.

Sting es un genio, es indudable, pero no es menos verdad que el sonido de finales de los '70 y primeros '80 de The Police y su éxito,  se configuran en la conjunción de tres instrumentistas que combinan virtuosismo con oportunidad e innovación. Escuchando 0utlandos d'Amour (1978), Regatta de Blanc (1979), Zennyata Mondatta (1980), Ghost in the Machine (1981) o Synchronicity (1983), se aprecia claramente que los arreglos aportados por la creatividad de la guitarra y la batería no son sólo un adorno a las composiciones del cantante y autor de la mayoría de temas, Sting, sino que construyen la atmósfera armónica, ritmica e incluso melódica, que llevó al grupo a su éxito abrumador. 

¿Qué nos maravillaba de las canciones de The Police? La canción en sí sería la primera respuesta pero no creo que podamos quedarnos solo en eso: Roxanne, su primer éxito, se compuso originalmente como una bossa, y es en el trabajo conjunto de grupo en el que el aparece (de mano de Andy Summers, guitarra) el característico "strummig", a medio camino entre el punk y la new wave, que se convierte en la personalidad del tema. ¿Cómo hubiera sonado una canción como Walking on the Moon sin el sentido polirítmico de Steward Copeland, batería, o el sonido tan caracteristico de sus kits Tama o de percusiones desarrolladas por él mismo como los octóbanos?

Creo que la combinación de tres personalidades musicales tan diversas y contradictorias es lo que definió el "sonido The Police" y no sé cómo esto se sustanciará en el frío ámbito legal en el que ha terminado el acuerdo que, imagino, no pudo ser. 

Os dejo el que, para muchos, es el epítome del éxito de este grupo y que nos hizo disfrutar de algunos de los momentos musicales más brillantes de los ochenta.  Junto con la versión "demo" recientemente publicada con motivo del cuarenta aniversario de su aparición, La composición como tal puede ser hasta vulgar. Una secuencia de acordes utilizada en la música pop y rock hasta la saciedad (SolM, Mim, DoM, ReM) y una melodía, a priori, que no parece de las más inspiradas de Sting, y sin embargo, gracias a ese acorde de novena, sólo para dedos olimpicos de guitarrista, la canción deviene en la joya que todos conocemos...

Escuchad y juzgad vosotros mismos.

Every Breathe You Take (demo)

https://youtu.be/UAsjsDalAio?si=qvCa2UT3a1OuzcJa

Every Breathe You Take (Album Synchronicity, 1983)

https://youtu.be/OMOGaugKpzs?si=X-W05LeefpvQ2zdn


©® Enrique R. del Portal. 2025.

lunes, 25 de agosto de 2025

Bar Sol

Esta fotografía debió ser tomada a mediados o finales de los años sesenta, quiero pensar que cerca de mi nacimiento, que fue en 1968. Lo curioso es que uno de mis primeros recuerdos es ese Bar Sol que se ve a la izquierda. Unos cuantos chocolates con churros me merendé allí. Seguramente eran días que no había tertulia el Dorín o el Cubasol, cafés donde se reunían los artistas líricos y donde, incluso, se organizaban temporadas, bolos, y contrataciones. El Dorín, en la calle del Príncipe, era para los inviernos, y la terraza del Cubasol para las primaveras y los veranos. Debían ser los primeros ´70, yo tendría unos cuatro o cinco añitos, y mi madre siempre me llevaba a aquellas reuniones donde coincidían, además de mis padres, el empresario José de Luna, Ana Carrión, su mujer, el barítono Tomás Álvarez y su mujer, Marianela Barandalla, Rafael Castejón, Pepa Rosado.... o incluso compositores como Jesús Romo (autor de El Gaitero de Gijón o Un Día de Primavera) artistas gigantes entre otros tantos, que charlaban de su profesión y que llegaban a organizar contrataciones para bolos y temporadas en las mismas mesas del café. Yo jugaba entre aquellas mesas, para castigo de los camareros. Otras veces, quizá un par de años más tarde, me escapaba a la próxima plaza de Santa Ana donde llegué a tener una pandilla de amigos con los muchachos que vivían en aquella zona.

Pero el recuerdo más vívido que tengo, y uno de los primeros, es el chocolate del Bar Sol, antes del regreso a casa de la mano de mi madre; debe ser 1972 o 73, mi padre lleva tiempo fuera; se encuentra de gira por América. Mamá ha decidido subir caminando a Gran Vía (entonces Jose Antonio) porque hace buena tarde y así no hacemos trasbordo en Ópera. Llegaremos pronto a casa, a eso de las 8 y media. Justo a tiempo para terminar los deberes que me quedan mientras ella prepara la cena.

No parece que hayan pasado cincuenta años.


©® Enrique R. del Portal, 2024.

jueves, 21 de agosto de 2025

Antología Erotismo poético XI





La editorial Diversidad Literaria publica su XI antología de erotismo poético en la que podreís encontrar mi poema Calcitrantes e inevitables.

"Eran del primer colono
que se atreviese a llegar..."





lunes, 4 de agosto de 2025

Ni propio ni extraño


Quizá es que te quise tanto
que por eso no te quedó amor, 
ni propio ni extraño, para quererte tú misma.
Quizá es que te quise tan raro
que más que mal, fue inoportuno,
dejándote en el lugar que no merecías.
Quizá es que te quise a trasmano,
y la costumbre me causó tal estupor
que sigo queriéndote casi todos los días.


©® Enrique R. del Portal. 2025.

jueves, 17 de julio de 2025

Como si me llamase Pablo


Aquí te amo.
Entre estas paredes,
apartado de todo cuanto nos rodea
olvidando a los que nos miran.
Aquí te amo,
desnudo de esperanza,
casi entregada la espera.
Sin dar cuentas a nadie ni a nada,
salvo a un poeta extravagario,
aquí y ahora
te amo,
como si me llamase Pablo.
Sin pedir nada a cambio,
sabiendo que miro a un espejo sin rostro;
pero seguro y dueño del luto,
traidor entre las alimañas,
terco, inocente y perdido.
No puedo decirlo sin llanto
o en dieciocho poemas silenciosos;
ni puedo callarlo, ni quiero.
Aquí te amo
después del todo,
al borde del mundo.
Y luego la vida se acaba,
y vuelve la muerta rutina .
No dejes mi tumba en silencio
ni manches mi nombre tallado,
que aquí te espero, vencido.
Aquí entre las horas
te amo.


©® Enrique R. del Portal. 2017-2025.

viernes, 4 de julio de 2025

Micropoema #60

...y un día,
ya que andamos pidiendo,
ver cambiar ese monótono en línea
por un esperanzador escribiendo.


©® Enrique R. del Portal. 2019.

sábado, 28 de junio de 2025

Aquí mis manos


Aquí mi mano derecha, 
incandescente de tanto aferrarse
al vacío sudoroso de tu rastro.
Aquí mi mano izquierda, 
congelada de tanto hundirse
en el recuerdo glacial de tu espacio.
Y aquí las dos, opuestas, aunque unidas
como las aurículas, 
manteniendo su latido de estaño.
Aquí las dos, enfrentadas, palma a palma,
sujetando la locura que se derrama
de cada hemisferio infartado.
Aquí mis manos, inútiles sin las tuyas, 
como cimientos de un cielo en derribo, 
como pilares de un mundo en colapso.
Mis manos, 
de barro, de azogue, de olvido
y engaño.


©® Enrique R. del Portal, 2025.

viernes, 27 de junio de 2025

Razones y motivos


Porque sin buscar un tú 
encontré un nosotros.
en este lugar sin luz,
en medio de mi  naufragio,
en el desastre de tu acontecer, 
en esta clarividente serendipia.
Porque sin buscar un nosotros 
encontré el aprisco necesario
que reclamaba mi tormenta.
La defensa justa 
de una causa ajena
a los todos y las nadas.
Porque sin buscar un yo
encontré el porqué de las dudas,
el fuego gemelo de mis vísceras,
la respuesta a mi latido, 
este exvoto a tus pies, 
el altar de una diosa,
el amor de la sirena.


©® Enrique R. del Portal, 2024.

viernes, 23 de mayo de 2025




Vuelven a estar disponibles en Amazon books mis tres poemarios: El amor en los tiempos del hashtag, Memoria de árboles y Algo parecido a la felicidad, éste último con material nuevo de 2024 y 2025. 

Al pan bread y al vino wine.

Escribí este texto hace más de diez años, cuando todavía no éramos la tercera capital del mundo de producción de teatro musical, pero lejos ...