viernes, 23 de mayo de 2025




Vuelven a estar disponibles en Amazon books mis tres poemarios: El amor en los tiempos del hashtag, Memoria de árboles y Algo parecido a la felicidad, éste último con material nuevo de 2024 y 2025. 

viernes, 16 de mayo de 2025

Llaves de casa


Se aceleró el pulso
y sentí una indiscreta gota de sudor
perfilando mi sien.
Lo dijiste con un tono tan serio
que no parecía el reparto de bienes,
sino el fin de una vida.
Sólo quedaba: 
el trámite incómodo 
de devolver las llaves de la casa 
que nunca tuvimos,
recoger las cosas coleccionadas, inútiles,
que nunca tuve,
reprocharte las culpas y razones
que nunca tuviste.
Desprender con mucho cuidado
las fotos de las paredes del cuarto de juegos
del niño 
que nunca criamos.
y orillar de una vez por todas este contencioso
sentimental-administrativo,
para olvidar la vida que no vivimos. 


 ©® Enrique R. del Portal, 2025

lunes, 5 de mayo de 2025

Daguerréotype

 
A los ojos de Carmen Prados

No hay lienzo, pintura, ni trazo;
diafragma, película u objetivo
que pueda reproducir el halo
de lo que veo cuando te miro
¡Quizá acaso sólo el espejo
cuando lo tienes enfrente;
¡Qué envidia no ser su reflejo
y perderme en él para siempre!


©® Enrique R. del Portal 2025.

domingo, 4 de mayo de 2025

Caos


Puede que no lo creas pero
antes de que tú llegaras ya
existía el caos en mí; sólo
le diste nombre, tú, envolviendo
las mentiras de verdad con
los monstruos que podíamos
crear.
Ahora sucede además
que el desorden se derrama en
dunas de vacíos que invaden
las calles y los pasajes desde
el desierto que teníamos
tan a mano como para ser
alma.
Supongo que de esto se trata
salvar el cuerpo. Para que, mientras
los recuerdos amontonados se
mezclan con el asfalto, abran
alcorques donde árboles puedan
dejar desde las ramas sombra
nueva.


 ©® Enrique R. del Portal, 2019-2025

sábado, 3 de mayo de 2025

Micropoema #10 (revisitado)


Este se acabó
que tramitamos en apenas
diez minutos.
Este parasiempre
que mantuvimos una décima
de segundo.
Este despertarme
sin ser él, sin ser yo,
sin ser tuyo.
Este ¿dónde estás?
este no hay pasado, no hay hoy,
no hay futuro.
Este que me muero sin ti,
este ayuno.
 
 
©® Enrique R. del Portal. 2019-2025

miércoles, 22 de enero de 2025

Sería.


De proseguir el protocolo de la despedida,
sería con la excusa que haga llevadero 
el momento de la disculpa.
Deshaciendo el nudo de la cinta que envuelve, 
con tanta delicadeza, 
las correspondencia olvidada.
Buscando el acento preciso de la palabra justa
que haga irrelevante el resto del diccionario.
Seleccionando las intenciones más allá del tacto 
para no herirnos de nuevo 
en esta liturgia de carnívoros.

De elegir una frase que resuma esta partida
sería, seguramente, grave y trascendente,
como el lado más oscuro de mis atardeceres.

Un poco de otoño, 
quizá entre paréntesis, 
para subrayar la torpeza romántica 
qué brota a borbotones y sin sentido
explicando que quise menos de lo queria
y creí querer más de lo que podía.

De corregir algo de este tiempo malherido
sería la insistencia que tuve de dejar en suspenso
tu inquietud y tu deseo.
La claridad que no escuché en las voces
del canto de la tripulación,
que me encadenaba más a los mástiles 
que el propio eco embriagador de la quimera.
O los pasos dados en falso, 
atreviéndome a penas a pisar el borde mojado 
por la espuma del extraño mar
que ahora observo, enajenado, 
desde la distancia de este secano.


©® Enrique R. del Portal, 2025.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Cine Imperial

 


A veces sucedía la magia, y mis padres decidían regalarme una tarde fuera de casa, de merendola y sesión de cine. Pudo ser el día de la fotografia. 

Aún recuerdo el vestíbulo del cine Imperial, aquel pequeño tramo de escaleras que eran la promesa de que me acercaba al mayor disfrute que podía tener, el mayor gozo en el que ya estaba...

Sobre las puertas de entrada, según salías, podías ver el cartel de las próximas proyecciones,  como una promesa de un nuevo sueño que se haría realidad muy pronto. Como olvidar aquellas películas de Disney, Robin Hood, Los Rescatadores, El Abismo Negro, Los Tres Caballeros, o como reza en la marquesina de la fotografía, La Isla del Fin del Mundo.

Al día siguiente, la emoción se convertía en juegos con los compañeros del colegio, o tomaba cuerpo en un incomparable espacio, como “el redondel”, un viejo alcorque que había (todavía está…) en el patio de la casa de mis padres en Castro de Oro, y donde compartía con Pablo, con Michel y con Toñete aquellas primeras impresiones que tenían más que ver con la imaginación infantil que con la experiencia cinematográfica.

Lo que nos parecía imposible sucedió: la programación infantil del cine Imperial dio paso a una más comercial y standard terminando la década de los setenta y empezando la siguiente. Y un poco más tarde, apenas lo que duraba el intermedio entre los cortos y la película, el cine desapareció engullido por los comercios de la Gran Vía. Ojalá se hubiera convertido en un teatro…

Hoy en día es una enorme tienda de ropa de baja calidad donde las muchachas compran camisetas de Los Ramones sin saber quiénes son.  A veces, en los vestidores se escuchan ecos, como fantasmas sonoros del pasado, proyecciones suspendidas en el ambiente, de vikingos, de astronautas, de intrépidos ratones o de astutos ladrones de buen corazón, que si alguna de esas muchachas llega a escuchar jamás reconocerá y confundirá con el estruendo del ambiente, ya que nunca han visto alguna de aquellas películas que entretuvieron nuestra niñez.  




Al pan bread y al vino wine.

Escribí este texto hace más de diez años, cuando todavía no éramos la tercera capital del mundo de producción de teatro musical, pero lejos ...